
Ea; pues vamos a ver hoy una película disparatada donde las haya, pero que a mi manera de entender el cine, es una obra cumbre del subrrealismo español. La acción se desarrolla en un camping –verano de la década de los setenta- en la costa del sol. Un grupo de artistas rurales ataviados de rumberos de la vieja trova santiaguera (Conchita Velasco, Manolo Gómez Bur y Alfredo Landa) hacen la temporada de playa, actuando en tugurios de mala muerte para ganarse la vida. Aparece el genial: Tony Leblanc, en su papel de “chulo piscina”, luciendo mini bañador de turista de aquella época, encogiendo barriga y sacando pecho; dándose un baño de multitud por el camping –como sólo él sabe hacerlo- chapuleando el espanich-inglis y metiéndole mano a todas las suecas. Nuestro fuera de serie, único e inigualable maestro, Tony Leblanc, al ver a los nuevos pardillos –como buen embaucador- huele a carne fresca (más bien lo que huele, haciéndosele la boca agua, es el plato de lentejas que se están almorzando) y con toda la frescura de su condición de “jeta”, se sienta con ellos y se aparta, el mismo, un plato de las suculentas legumbres. El truhán, con su incontestable labia, deslumbra a Conchita y Alfredo –no tanto a Gómez Bur que actua siempre como pesimista administrador y representante del grupo- . El fenómeno Tony, les habla de lo obsoleto que son; de la importancia de cantar en inglés y les promete sustanciosos contratos si acceden a que él se convierta en su representante artístico. Y como el argumento es lo menos que cuenta en este tipo de películas, aunque haberlo hailo, por muy disparatado que parezca, ya se pueden vdes. figurar, mis queridos amigos del Cine Delicias, la cantidad de enredos y peripecias a las que somete -el cara dura de Leblanc- a las almas cándidas de Landa y Gomez Bur, mientras él, se pega la vida padre, seduciendo a la muchacha, Conchita Velasco. Para los que no hayan tenido oportunidad de ver la película -cosa extraña porque la repiten todos los años en el ritual de nuestro Cine de Barrio televisivo- no se pierdan el sugerente nombre que adopta el grupo a instancias del imponderable, Toni Leblanc: "Los Hippiloyas" (todo un poema). Como tampoco se pierdan las melenas que adoptan, tipo Beatles y las casacas a modo de uniforme, emulando la carátula del glorioso vinilo de aquel insuperable "sargento Pipper". Con un elenco así de actores y con la participación especial del excelente cómico, José Sazatornil- Saza- haciéndose pasar por un líder espiritual que intruduce la "meditación trascendetal" en la jet society de la costa, cuando en realidad es un farsante catalán; junto con el magistral papel que interpreta el malogrado actor, Rafael Alonso, haciendo de afeminado con más pluma que los "armaos de la macarena". Si pese a todo, Vdes. no han sido capaces de divertirse y pasarlo bien con este elenco de figuras, permítanme -con todo el respeto- que me ría yo en la cara de los insufribles "scary movie" made in USA, por poner un ejemplo. Entre las muchas cosas que aporta este destornillante film -según mi modo de entender el cine- cabe destacar, las subrrealistas versiones de las éxitos de aquella época (1969), remedando las épicas canciones de protesta de Massiel, el musical West side Stoy y los sargento Pipper, ya mencionados. Por último, nadie como Conchita Velasco, para reivindicar esa chica "Ye-ye" y la famosa minifalda en aquellos tiempos del otoño del patriarca. Al final -aunque no esté mal contarlo- las aguas vuelven a su cauce y el grupo retoma su nombre original de verbenas: "Flor de Lis y los dos del orinoco", cantando la mitica "casita de papel" y el gran Tony Leblanc, se despoja de uno de los secretos a voces mejor guardados en la historia del cine español.